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miércoles, 27 de noviembre de 2013

Maquillaje para bodas de día


Punta Ligero y fácil de hacer es las damas de honor e invitó

En las bodas durante el día es siempre la pregunta ¿cuál es la composición más adecuada. El artista de maquillaje de Make B. Gisele Souza enseña paso a paso en un maquillaje ligero y elegante para eventos diurnos.

Vestido de dama de honor de la boda del estampado
Vídeo : Aprenda cómo hacer el maquillaje para dama de honor
Consejos para peinados de boda


Ver la galería de fotos cómo hacer el maquillaje para la boda de día.

jueves, 7 de febrero de 2013

Lápiz labial

Puede ser meses después del mes de la Madre es otra figura muy importante dentro de todas las culturas: las novias.

Esta categoría es deseado por casi todas las mujeres y tiene particularidades diferentes según las distintas culturas en el mundo. Sin embargo, el vestido es un símbolo de que todos buscamos. Tiene que ser la más bonita, la mejor manera de dar al cuerpo que mejora todos los aspectos de la feminidad y la belleza de estas mujeres.

En la tradición oriental es la exhibición de vestidos muy coloridos y vistosos que significan alegría, el blanco es totalmente abolida - se usa sólo para las viudas. A diferencia de aquí, en Occidente, la moda ha sido y sigue siendo blanco y sus variaciones.

Símbolo de la pureza y la castidad, el vestido se dirigió a la duración de una esencial y uno de los primeros pasos a tener en cuenta al planear el gran día.

Con tul, de encajes, lazos con el marcado de la cintura; añadas o asimétrica; clásico, palabra de honor y ni siquiera los más románticos sigan teniendo éxito y ser la tendencia para este año.

domingo, 3 de febrero de 2013

Accesorios para Novias







¿Quién sigue nuestros medios digitales saben que nos estamos centrando en el mundo de las novias lo largo de este mes y, dado que está disfrutando, vamos a continuar. La semana pasada, el tema de nuestra entrada se ha publicado "vestidos" y hoy le están dando consejos sobre otros elementos que harán de su visita el día tan esperado.

Para empezar, vamos a hablar de la gran cantidad de accesorios que la novia puede elegir para montar el aspecto del cabello. Hay: tiaras, coronas, broches, marcos de Swarovski (esas hermosas piezas hechas de alambre retorcido y muy brillantes y joyas - se muestra en la cola de caballo abajo), cintas, flores y más un montón de cosas bellas que sólo hay que añadir la su mirada. La difícil decisión de cuál usar es a discreción de cómo será la ceremonia, la hora del día y la forma en que su vestido lo hará.

El cabello volverá a dar a los reclusos un mayor aspecto de seriedad y es también muy elegante. En este tipo, se acostumbra a usar muchos marcos, tiaras y coronas. Las cintas, las flores y los clips son una gran opción para cualquiera que optan por llevar la mitad de su cabello suelto o pegado, esta producción dará una más ligera y desnuda, que no dejará de ser súper lindo. Las flores, como ya se ha demostrado en facebook, son tendencia en estos momentos.

martes, 21 de febrero de 2012

Noche de Bodas


La actitud de desprecio total y el rechazo absoluto que adoptan los hombres ante las mujeres que han cedido al amor y se han mostrado generosas de su cuerpo —actitud que es consecuencia de una herencia cultural multisecular—, condiciona aún más a las mujeres a mostrarse inflexibles, y, en muchos casos, incluso las induce a rechazar manifestaciones de afecto que ellas pueden considerar pecaminosas o peligrosas en el sentido de que pudieran inducirlas a cometer actos «de los que luego tengan que arrepentirse».

Esta contención, sobre todo en los casos en los que el noviazgo, casi siempre por razones económicas, debe prolongarse excesivamente, acaba por sumir a ambos novios en una especie de frigidez afectiva y sexual que luego ha de dificultar gravemente la convivencia entre ambos.

Por una parte, el marido se siente orgulloso de su «caballerosidad», y, por otra, se nota inseguro. Tiene miedo de que su «gesto» no sea bien interpretado, de que ella lo comente con alguien, o de que ocurra cualquier otro hecho que ponga en entredicho su reputación de «hombre». Puede suceder también que la haga responsable a ella («esa tonta») de su abstención, porque con su comportamiento no ha hecho más que dificultar las cosas.

Ella, por su parte, sentirá también un alivio momentáneo. Sin embargo, su angustia no desaparecerá del todo. Se dormirá sabiendo que «aquello» simplemente se ha retrasado, pero que más tarde o más temprano tendrá que «soportarlo». Eso si no se le ocurre pensar, como sucede algunas veces, que su marido es impotente, homosexual, o, lo que se da con más frecuencia, que no la quiere.

Si los jóvenes recibieran una educación sexual adecuada, y si durante el noviazgo no hubieran de reprimir tanto los impulsos espontáneos que tienden a fortalecer los lazos afectivos que los unen, la «noche de bodas» no plantearía ningún problema a ninguno de los esposos, ya que estarían preparados tanto física como psíquicamente para ella, y el hecho de empezar su nueva vida en común no se convertiría en un trauma, sino que sería la feliz culminación de todo un proceso de conocimiento y estimación mutuas.

La causa del problema, el no saber cómo comportarse, estriba en la falta de educación sexual y en la índole de las relaciones prematrimoniales. En otras circunstancias el problema no existiría. Quede claro : en otras circunstancias. En la actualidad existe y es causa de malentendidos que a veces pueden tener consecuencias extraordinariamente importantes. Atengámonos, pues, a las actuales circunstancias y veamos cuál es la mejor manera de hacer frente a la situación.

martes, 14 de febrero de 2012

El Noviazgo y las Bodas


Pero no todo son rosas en este efímero reinado femenino. Antes lo decíamos: en el noviazgo la mujer tiene la facultad de conceder o negar sus favores al galán. Y aquí está el problema: «¿Hasta dónde puedo "llegar" con mi novio... ?»

Esta es la pregunta latente en todas las muchachas que mantienen relaciones más o menos formales con un joven. Y buena prueba de ello son las miles de cartas que sobre este tema se reciben en los populares «correos sentimentales».

Según la más estricta moral puritana, la novia debía llegar al matrimonio no sólo virgen sino también absolutamente ignorante de la realidad sexual. La principal muestra de su castidad residía en la firmeza y en la habilidad para guardar la «cindadela».

 El varón que no podía obtener —ni su caballerosidad se lo permitía— el menor favor de su prometida, debía buscar fuera del noviazgo —generalmente, muy largo— la satisfacción de sus necesidades sexuales, precisamente originadas por la relación amorosa y sentimental con la mujer amada... pero intocable.

Hoy este modo de proceder es objeto de «contestación»; en nuestro mundo moderno, con sus masivos medios de comunicación e información, es absurdo pensar que se puede mantener a una joven en la más absoluta ignorancia de las realidades sexuales. Por otra parte, la mayor igualdad de derechos y deberes exige que la fidelidad, y, por ende, la abstención, sean practicadas por los dos componentes de la pareja.

El hombre ha abdicado muchas de sus prerrogativas y es natural que exija a su «novia» una mayor entrega y un mayor conocimiento. Hoy que los novios planean de una manera mucho más constructiva y conjunta su porvenir matrimonial, ¿van a dejar en el terreno de la incógnita una faceta tan decisiva de la vida conyugal como es la relación sexual?

Esta es una realidad perentoria. Y muchos matrimonios han fracasado por ignorar y eliminar deliberadamente durante su ilusionado noviazgo todo enfrentamiento con la posibilidad de una ulterior incomprensión en el terreno de la sexualidad; pero aún perduran muchos vestigios de rígidas costumbres anacrónicas, y si bien en teoría todos comprenden la necesidad de una instrucción y educación sexual previa al matrimonio, en la práctica siguen vigentes muchas restricciones que actualmente ya carecen de justificación.

«Ceder», «claudicar», «resistir»... Mientras no se borren estos vocablos conformistas del lenguaje de los enamorados y no sean sustituidos por «conocimiento», «responsabilidad» y «lealtad», la estratégica defensa de la «ciudadela» seguirá siendo para la mujer, igual ahora que en los viejos tiempos, un arma y un medio de elevar su precio en el mercado del matrimonio, en el que ella sigue siendo un objeto cotizable.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Casamentera en Bodas


La casamentera propiamente dicha nace y muere con la vida pública de los salones, en una sociedad hecha de apariencias y de disimulo. En una sociedad agrícola bien organizada la casamentera tiene poco que hacer, ya que se sabe con sobrada antelación qué condiciones se requieren para el reparto, o unión, o conservación de la tierra.

La sociedad agrícola no admite ninguna demora en el estado de soltería, ni en la vida pública se utilizan eufemismos que permitan la delicada actividad de la casamentera.

En el salón, en donde se daban cita los estratos oscilantes de la burguesía, es donde se desarrollaba en pleno auge la actividad de la casamentera. Mientras la gente bailaba, hablaba, cantaba, organizaba juegos de prendas y de naipes, ella observaba, escogía sus pupilos y empezaba su tarea.

Para evitar fracasos la actual casamentera utiliza con agilidad el arte de la maledicencia. Sabe muy bien que el lenguaje directo no le suministraría datos sobre la real situación económica de los individuos, y sabe también, de paso, que no puede fiarse de las apariencias. Las casamenteras más brillantes y artistas saben utilizar la ignorancia de los mismos indi-.duos que manipulan, haciendo concebir esperanzas que luego no se realizan.

La condición necesaria para su labor es que existan a su alcance un buen número de muchachas cuyas dotes no sean de fácil aclaración. En algunos casos, ya no tan fáciles ni frecuentes, puede darse que la muchacha sea difícil de casar porque posea mucho dinero pero no el rango familiar adecuado.

El trabajo más perfecto que puede llevar a cabo una casamentera es unir dinero y prestigio. La sociedad plutocrática es una sociedad que se expresa como una burda imitación de la sociedad aristocrática que la precede.

Trata de reproducir la autoridad que el noble posee por el simple hecho de su nacimiento, y lo hace no sólo imitando sus formas de vida, sino comprando viejos títulos o adquiriendo títulos nuevos. En los salones, en donde afluyen estratos de la riqueza creciente y decadente, la casamentera tiene terreno abonado y su habilidad consiste en lograr este feliz complemento.

sábado, 5 de noviembre de 2011

La Bendición Nupcial


La ceremonia de la boda ha tenido lugar. El banquete no ha sido excesivamente espléndido, pero la familia «ha hecho lo que ha podido». Todos se han ataviado lo mejor posible. La novia, por supuesto, vestía de blanco.

Se ha comido, se ha bebido, se ha bromeado (lo que decíamos, con mejor o peor gusto), y se ha bailado; pero como todo tiene un fin, también la fiesta ha terminado. Los invitados se retiran a sus casas. ¿Y los recién casados? También se retiran. Algunos, inmediatamente, se van ya «de viaje de novios», con lo cual el momento fatídico se retrasa unas horas.

Otros se van directamente a su nueva casa o a un hotel. Tanto da. Más tarde o más temprano acaban por quedarse solos. Y están cansados, nerviosos. No es raro que, recién despedidos de la familia y de los amigos, estalle la primera discusión (de casados, claro). El pretexto es lo de menos. El verdadero motivo es la tensión nerviosa a la que ambos están sometidos.

Puede ser que la novia, totalmente ineducada sexualmente y habiendo oído ciertas historias terribles acerca de lo mal que se lo pasan las mujeres cuando son desfloradas, sienta miedo y rompa a llorar o incluso intente fugarse y volver junto a su familia. (No son muy raros todavía los casos en los que la joven desposada ha de ser puesta en brazos de su marido por sus padres, a los que acude presa de una crisis de nervios.)

Sin embargo, el novio, por lo general, no se siente mucho más tranquilo. Son muchos los que, por así decirlo, «abandonan». Dándose cuenta de que ella está asustada y cansada, y como se sienten también inseguros, piensan que lo mejor es que «no ocurra nada» por el momento. Que al día siguiente, pasada la tensión...

martes, 2 de agosto de 2011

Matirmonio - Eduación del Marido


Qué poco preparados llegan por regla general los hombres al matrimonio! Por ello, y para facilitar la educación de los maridos, se han escrito estas páginas, divididas. para mayor claridad, en tres apartados que corres-rorden a la educación de la afectividad (enseñar al marido a ser cariñoso), a la educación doméstica (enseñarle a colaborar en las tareas del hogar, o, como mínimo, a no obstaculizarlas) y a la educación sexual (hacerle comprender que también la mujer experimenta necesidades de este upo y que del satisfacerlas o no depende en gran medida su equilibrio psíquico y su felicidad). Es realmente difícil, cuando de «educación del marido» trata, saber por dónde empezar.

¡Existen tantas cosas, pequeñas cosas que una mujer desearía cambiar de su mando! ¿Y cuáles son esas cosas? «¡Oh, quisiera que mi marido fuese más atento conmigo, que se interesase más por mis problemas,- que me consultase más a menudo, que me hablara como cuando éramos novios, que fuese más cariñoso, que me llevara más a menudo a cenar fuera, al cine...» Estas cosas y otras parecidas acostumbran a responder la mayor parte de las mujeres cuando se les pregunta a este respecto. Y si nos fijamos bien, todos estos deseos o velados reproches pueden reducirse a un solo problema: el de la afectividad.

La educación que se da a la mujer tiende a convertirla en un ser dulce, cariñoso y lleno de atenciones para con los demás. A la niña se la educa sentimentalmente. En cambio, al niño no. Desde su más tierna edad oye aquello de que «los hombres no lloran», se le dan juguetes bélicos y se encuentra, además, con una serie de prohibiciones sociales que le impiden jugar con muñecas, hacer comidas, «labores», y, en general, toda una serie de actividades que siempre han sido consideradas femeninas.

Teniendo presente estas cosas ya no podemos extrañarnos tanto de que al hombre adulto le cueste tanto mostrarse «cariñoso», y más en público, puesto que, dada la mentalidad absurda que impera entre nosotros, estas demostraciones de afecto podrían suscitar comentarios como los siguientes: «es un calzonazos», «se le cae la baba por su mujer» y otros parecidos, que, como es lógico, habrían de herir profundamente al marido.

Por todo esto, y porque no hay que olvidar que la afectividad es el resultado de una educación determinada, la mujer no debería hacer responsable a su marido individualmente de este defase emocional, sino darse cuenta de que lo que ocurre es que la diferente educación que ha recibido es causa de esta especie de inhibición afectiva. Por otra parte debería comprender que también a él puede chocarle su manera de comportarse, hasta el punto de considerarla a veces «pegajosa» o «pesada», y sentirse algo cohibido ante sus muestras de cariño.

jueves, 7 de julio de 2011

Problemas internos de Pareja


Podría decirse que existen dos clases «tipo» de desajuste matrimonial: la desavenencia íntima, que suele ser menos evidente pero mucho más peligrosa, y el choque que es producto de las presiones ejercidas sobre el matrimonio por circunstancias ajenas a la intimidad de la pareja.

El choque íntimo se debe a las presiones que en la relación conyugal se ejercen de dentro a fuera, aun cuando a veces, por mor de las conveniencias sociales, nada de ello vislumbran los extraños.

Los distintos niveles de cultura, la desarmonía sexual, las alteraciones temperamentales, pero principalmente las diferencias de educación y de mentalidad, podrían ser especificaciones de estos conflictos latentes, dificilísimos de extirpar, ya que el germen de desunión —y, por tanto, el germen de desafección y decepción— se oculta en lo más íntimo de la pareja y afecta a la respectiva personalidad y libertad de los cónyuges.

Asimismo existe el choque matrimonial producto de la presión que el mundo circundante, externo al matrimonio en sí, ejerce sobre la pareja, actuando con su rechazo o su reprobación sobre el comportamiento íntimo de los cónyuges.

Las diferencias de raza, de religión e incluso de nacionalidad o clanes políticos adversos, son un ejemplo claro de cómo el mundo exterior puede crear —y de hecho crea— antagonismos difícilmente salvables, a no ser que los consortes posean una gran dosis de fuerza moral, un profundo amor y una perfecta identidad de fines y propósitos.

Las desigualdades de tipo íntimo (menos visibles, pero más intensas e insalvables, aunque los cónyuges pertenezcan a un mismo estrato social y económico, si no existe entre ellos armonía sexual e identidad cultural) llevan a la desunión matrimonial, aunque no se exteriorice.

Por el contrario, las desigualdades de tipo externo, mucho más espectaculares, significan unas barreras dificilísimas de romper al comienzo de la relación amorosa, pero salvado el primer momento (tal experiencia sólo pueden permitírsela personalidades muy formadas y maduras), estas mismas presiones, no menos que el desgarramiento que cada cónyuge ha tenido que sufrir para vencer ancestrales prejuicios, se convierten en fuente de auténtico amor y compenetración.

Por otra parte, estas barreras pueden llegar a desaparecer por sí solas (las debidas a nacionalismos xenófobos, por ejemplo) y la marcha de la humanidad tiende a levantarlas o a convertirlas en fácilmente franqueables.

martes, 5 de julio de 2011

La Boda para la mujer - Parte 2


De acuerdo; hemos exagerado. Este lo es intolerable. Pero es que a veces la manera más convincente de demostrar que algo está llegando a ser intolerable es exagerarlo al máximo, llevarlo hasta sus últimas consecuencias, a las más absurdas. Y el hecho de que la mujer, o de que muchas mujeres están en venta es incontrovertible. Y también intolerable. La mujer necesita al hombre, pero el hombre también necesita a la mujer, y, sin embargo, normalmente se atreve a ser él mismo, y no vive tan pendiente de gustar.

Por eso podemos llegar a la conclusión de que si bien procurar gustar es algo que honra a todo ser humano (hombre o mujer), porque es una deferencia hacia los demás y una muestra de respeto para con uno mismo, el hecho de que el gustar se convierta en una obsesión es aniquilador; despersonaliza y cosifica, o sea, arruina la personalidad y convierte a los seres humanos en cosas.

b) Las niñas tienen que ser obedientes y sumisas. Esta obediencia y sumisión, que hace unos años se llamaba modestia, se ha considerado tradicionalmente el principal adorno de la mujer. Es uno de los requisitos indispensables de la feminidad, palabra mágica cuyo principal encanto reside en que nadie sabe exactamente cómo definirla, pero que se puede expresar con un encogimiento de hombros y la sonrisa vaga y coqueta de quien está en el intríngulis. De todos modos —y dejando de lado esta espinosa cuestión (la de la feminidad)—, hay que tener presente que tampoco la docilidad y la sumisión acaban aquí. Ahondemos un poco más.

Lo más grave de estas adorables y femeninas cualidades es que llevan a la mujer a aceptar como buenas —sin atreverse ni siquiera a reconsiderarlas un momento— una serie de normas de conducta que le vienen impuestas desde la infancia y cuya principal finalidad es conseguir que se adapte plenamente a su condición de ser humano a medias, de ser humano al que no se sabe bien por qué le están sutilmente vedadas las actividades que mejor contribuyen al desarrollo de la personalidad del individuo, y a su conciencia de incidir de alguna manera en el mundo; de ser humano, en definitiva, cuya única misión consiste en hacer agradable la vida a los hombres y en perpetuar la especie, cuando lo que debiera hacer es pensar por su cuenta, discutir las normas de conducta y enfrentarse a ellas. Dejar, en resu midas cuentas, de ser sumisamente femenina para convertirse en un ser independiente que somete a crítica lo que se le inculca y que decide por sí mismo su destino.

c) El fin de toda mujer es casarse y tener hijos. Puesto que el hombre es animal social, parece lógico que viva en compañía y que se una a otro ser del sexo opuesto formando una sociedad cuyo fin sea el satisfacerse mutuamente las necesidades afectivas y sexuales y educar a los hijos. Hasta aquí muy bien. Nada que objetar. Lo que sí es criticable es el considerar que la participación social de la mujer termina así, en tan estrechos horizontes, y que fuera del matrimonio nada le incumbe, todo le es ajeno.

Este planteamiento adolece del defecto al que anteriormente nos hemos referido: la pequenez. Es una visión del mundo estrecha, limitada, mezquina. Y a quien perjudica mayormente es a la mujer, que de hecho se limita a la sociedad matrimonial, porque el hombre, mediante el trabajo, encuentra la manera de incidir en la realidad, de participar en otras sociedades y ser plenamente animal social.

d) El matrimonio colma todas las necesidades y apetitos de la mujer. Otro error. Otra pequeña idea falsa. No hay necesidad de demostrarlo. Basta ir por ahí, mirar la cara de muchas de las mujeres de más de cuarenta años y preguntarles por su matrimonio. El torrente de palabras es anonadador y tristemente ilustrativo. El descontento, el rencor, la insatisfacción y la necesidad de descargarse las impulsan a hablar, dando la impresión, en algunos casos, de que se recrean en su propia desgracia y de que encuentran en ella la respuesta adecuada a su fracaso.

Y, sin embargo, lo curioso es que sus diatribas se dirijan sistemáticamente contra el marido, como si él, y no la ideología responsable de que ellas pongan todos sus anhelos y esperanzas en el matrimonio, fuera el único culpable de la insostenible situación.

La mayoría de ellas piensan que si se hubieran casado con otro hombre..., que si él ganara más dinero..., si fuera menos egoísta..., y no ven que la causa del fracaso no es el marido sino el enfoque que ellas han dado al matrimonio al convertirlo en su única aspiración, al condenar todos sus intereses y afectos en las cuatro paredes del hogar. No se dan cuenta, en resumen, de que el verdadero responsable es la pequeña idea que ellas tienen de sí mismas y de sus necesidades, del hombre y del mundo.

domingo, 3 de julio de 2011

La Boda para la mujer - Parte 1


Parece evidente que existen dos maneras de entender el matrimonio: una femenina y otra masculina. A esta diferente concepción del matrimonio cabe atribuir la mayor parte de los problemas que ambos cónyuges se plantean, que son, en muchos casos, suficientemente graves como para destruir si no la unión en sí (extremo al que se llega difícilmente, sobre todo por presiones de índole social, en los países en que no existe divorcio), sí al menos la comunión afectiva entre los esposos y la posibilidad de dialogar.

Examinemos ahora la concepción femenina del matrimonio y veamos hasta qué punto está cargada de idealismo y falta de contacto con la realidad, y hasta qué punto, por tanto, es responsable del ulterior fracaso.

Pero para ello tendremos que partir de la educación que se da a la mujer, y de los principios que se le inculcan, principios, o, como los llamaremos en adelante, pequeñas ideas, que condicionan a la mujer hasta el extremo de impedirle —si no sabe liberarse a tiempo de su maleficio— pensar con independencia de criterio, tomar decisiones, amar libremente, y otras actividades propias del ser humano, sin las cuales resulta imposible que hombres y mujeres puedan realmente comunicarse.

A las niñas se las educa con diminutivos: que si la muñequ/ta, que si el vestidito, que si los pastel/tas, la casita... Luego vienen las monjitas o las señoritas (suplicio absurdo) y finalmente, con o sin intervención de San Antonio, la boda —LA BODA— en mayúsculas y sin diminutivo.

Pero ya es tarde; las niñas, que entre tanto se habían convertido ya en mujerezto, se han acostumbrado a las cosas pequeñas, o, mejor dicho, a las pequeñas ideas. Estas pequeñas ideas las han recibido envueltas en papeles de brillantes colores, como caramelos, y como caramelos las han engullido. Y con estas pequeñas ideas la niña, ya mujer, ha de vivir y educar a sus hijos.

¿Cuáles son y qué tienen de malo esas pequeñas ideas ?

Vayamos por partes: ¿cuáles son? ¡Oh!, pues muy corrientes. Pueden formularse, además, de muy diversas maneras, pero en esencia se reducen a las siguientes:

a) Las niñas tienen que gustar. Deben, por tanto, hacer lo posible por gustar: ir bien vestidas, bien peinadas, hacer monadas y ¿cómo no? ser un poco hipócritas, porque, desengañémonos, sin una pizquita de hipocresía es imposible complacer a todo el mundo.

Examinemos ahora la cuestión más de cerca (qué tiene de malo). Eso de gustar, que parece tan inofensivo, se convierte en fuente de prohibiciones —no ensuciarse, no despeinarse, no moverse bruscamente...— y, en la escuela, en falta de espontaneidad —sonreír cuando no se tienen ganas, saludar a unos amigos de mamá que son pesadísimos, decir «no, gracias, ya he merendado» cuando una se muere por comer unas cuantas galletitas con cualquier tontería.

¿Sólo eso? No, sólo eso, no. Sigamos.Enlace

La niña, que va reprimiendo sus tendencias a manifestarse tal cual es —por gustar, por complacer—, se va convirtiendo cada vez más en producto, en objeto. Y como la competencia es realmente agobiante —abundan las mujeres aún más que los detergentes— la cosificación (o sea, el hecho de convertirse en cosa) llega a extremos inconcebibles. A veces a uno le da por pensar que a ciertas mujeres no les falta más que regalar puntos para la vuelta al mundo de dos personas, o boletos para el sorteo de un seiscientos.

¿Y el hombre ? El hombre, como es lógico, no sabe por dónde anda. Se pierde en el laberinto de las minifaldas, de los ojos sombreados por largas pestañas (postizas o no), de los graciosos movimientos insinuantes, y, a la hora de comprar (casarse) puede que esté tan aturdido que se queda con lo que menos se ajuste a su manera de ser y a sus necesidades.

viernes, 1 de julio de 2011

Desigualdades y rupturas de Matrimonio


LAS DESIGUALDADES CONYUGALES
El matrimonio es un «estado» y un continuo proyecto a realizar conjuntamente por dos seres humanos de diferente sexo. En la pareja humana que se ama de verdad no puede ocurrir como entre los animales.

Éstos, en determinado momento dan y reciben corporalmente para después seguir cada uno su camino, sin volver a encontrarse jamás, excepto en algunas especies en las que el macho y la hembra conviven un tiempo juntos para cuidar a sus crías.

No. La pareja humana está formada por dos seres que, además de estar unidos sexualmente, tienen por delante un camino que recorrer. Un camino que recorrerán juntos y durante el cual, juntos, irán creando vida y amor. Es una entrega sin reservas, es un darse para siempre: este camino es la gran aventura de los cónyuges, ya que su mutua entrega compromete hasta la médula la realidad íntima de cada uno de ellos.

Todo hombre o mujer perteneciente a nuestra moderna civilización siente, al unirse a su pareja, el deseo y la ambición de alcanzar juntos un porvenir común. Sean cuales fueren sus creencias, la pareja humana que se une para formar un hogar realiza un acto volitivo de continuidad y de permanencia.

MATRIMONIOS ROTOS
Desgraciadamente, son muchos los casos en los que estos deseos resultan fallidos y la pareja rompe su unión con los consiguientes traumas sentimentales, familiares y sociales. Sin necesidad de grandes y extraordinarios dramas, el cotidiano acontecer de la vida se encarga, en numerosas ocasiones, de reducir a la nada aquel impulso sagrado que empujó un día a un hombre y a una mujer a hacerse mutua entrega de sí mismos.

Las causas que pueden acabar con un matrimonio son innumerables e incalificables, ya que un mismo hecho puede ser motivo de desavenencia en una pareja, mientras puede significar un auténtico lazo de unión para otra (como ocurre, por ejemplo, con los problemas o graves disgustos causados por los hijos, o con la obtención de un brillante nivel económico).

Pero es indudable que el germen de un matrimonio fallido se encuentra siempre en la inadecuada elección de la pareja. Se realizan matrimonios cuya desigualdad entre ambos cónyuges es tan notoria que, con grandes probabilidades de acierto, se puede predecir que dicho matrimonio está abocado al fracaso.

domingo, 10 de abril de 2011

8 Secretos para ser una mejor Cónyuge


Nunca es demasiado tarde para ser un buen cónyuge. El gran secreto es la buena disposición a comprometerse con el otro, dice un afamado psiquiatra estadounidense, el doctor James Hodge, que ofrece los siguientes consejos:

Llegue a un acuerdo con su pareja sobre cómo gastarán el dinero. "Las peores peleas de una pareja son sobre el dinero —dice el doctor Hodge, profesor emérito de psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad del Noreste de Ohio—. Por ejemplo, si la mujer es amarreta y el marido gasta el dinero a manos llenas, hay que llegar a un acuerdo."
El tendría que obligarse a ahorrar algo del dinero y ella tendría que tratar de aflojar el codo de vez en cuando.

Deje que su pareja tenga tiempo para estar solo. Estar juntos todo el tiempo no es bueno para ninguna relación. Todo el mundo necesita tiempo para estar solo, pensar, escuchar su música favorita y trabajar en proyectos personales. Permita a su pareja tener ese tiempo.

Acaricie al otro. "Cuando más tiempo hace que una pareja ha estado junta, menos se acaricia —dice el Dr. Hodge—. ¿Cuánto hace desde la última vez que tomó a su pareja de la mano mientras miraba TV?" Inclusive, una gentil caricia en la espalda es una buena manera de decir: "Estoy aquí y estoy contenta de que tú también lo estés".

Haga que el otro se sienta protegido. Cuando su pareja tiene un problema, asegúrele que usted está a su lado para ayudar.

Demuestre a su pareja que usted aprecia las cosas que éste hace. Si su marido saca la basura y lleva a pasear al perro, dígale gracias de vez en cuando. Si su esposa prepara una comida sabrosa todas las noches, ocasionalmente dígaselo: "Querida, estuvo deliciosa".

Hágase tiempo para hablar sobre ustedes y los acontecimientos del día.
Den un paseo después de almorzar, disfruten un trago juntos o laven los platos juntos. Lo importante es que hablen para que cada uno sepa lo que el otro hace y piensa.

Compartan momentos graciosos.
"Las parejas tienen que compartir las risas todos los días —dice Hodge—. Hagan cualquier cosa para producir ese momento gracioso, ya sea alquilando una película cómica o actuando de manera humorística."

Demuestren afecto. Sorprenda a su pareja con flores. Llámela sólo para demostrar su cariño. Un poco de afecto, puede hacer milgros con un matnmomo

viernes, 8 de abril de 2011

Crisis de Matrimonio


La fórmula para superar las crisis matrimoniales residen en que los esposos logren establecer la igualdad en el cumplimiento de las tareas hogareñas.

De acuerdo con una investigación realizada por la trabajadora social israelí Claire Rabin: "La sabiduría consiste en encontrar buenos motivos para seguir casados". El marido y la esposa deben dividirse las tareas hogareñas, aseguró la investigadora.

Un estudio que se centró en la Universidad norteamericana de Seattle y continuó en la inglesa de Cambridge alcanzando a 150 parejas, comprobó que las mujeres interrogadas se mostraron menos felices que sus maridos por sentir que su relación no es honesta y mucho menos igualitaria.

Para Rabin la igualdad no es "mitad y mitad", sino la expresión de una gran amistad, de respeto en las elecciones del otro, aunque no aporte pa-ramantenerelhogar. "En síntesis —dice la experta—, que nadie se sienta utilizado por el otro."

jueves, 31 de marzo de 2011

Historia de la Pareja - Matrimonios


La mujer va a aparecer definida con relación a los hombres: hermana de, hija de, esposa de, nieta de... En este período de la modernidad, ella no se encuentra al margen de la cuestión económica. Ahora, la figura femenina debe procurarse su propia dote. Es cierto que las características de ésta serán diferentes según la clase social a la que pertenezca la mujer.

Para las clases altas y medias, el contrato matrimonial es el negocio más importante que una familia hace; sin embargo, este modelo no se aplica a toda la sociedad. La mujer de clase baja tiene que trabajar para mantenerse, pero no se admite la independencia femenina. Lo que significa que el trabajo tiene su razón de ser en el aporte que ella realiza al contrato matrimonial. Lamujer sin dote puede acceder a un casamiento con alguien situado en el nivel más bajo de la escala social.

En este período, la mujer trabaja en las granjas agrícolas; en la industria doméstica (colabora con sus padres o maridos en el despacho o venta de lo producido en el hogar); en la industria de la seda o pertenece a la servidumbre (con todas las gradaciones: damas de salón' como cúspide de su carrera).

Ahora bien, para conseguir trabajo es importante la educación, bien que escasea en la época. Existen escuelas de caridad (S. XVII) y pequeñas escuelas. Se procura que la mujer tenga buena presencia: "... el ideal era vestido limpio, aunque zurcido, cuello almidonado, aunque viejo, calcetines sin agujeros y zapatos lustrados".

¿Quién con quién?
Las hijas de abogados y de hombres del clero se casan con aquellos de la misma profesión paternal; las sirvientas reales con jornaleros, tratando de establecer una granja; las sirvientes ciudadanas con sirvientes ciudadanos, con el proyecto de crear un pequeño negocio independiente (bar, cafetería). La hilandera se casa con el cardador o el tejedor, de ahí que no se interrumpe el ciclo del trabajo. La mano de obra no calificada (floristas, vendedoras ambulantes) que no tiene dote, o que la ha gastado por alguna enfermedad, se casa con hombres de su misma condición.

Entre 1550 y 1800, las mujeres que mueren solteras son entre el 5 y el 25 por ciento. La edad del casa- miento se eleva. Cuanto mayor es la crisis económica, más notoria es la demora para casarse. En general, la mujer no se casa con alguien situado por debajo de su estatus social.

domingo, 27 de marzo de 2011

Historia de la Pareja - El Casamiento


El casamiento: algunos cambios, los mismos intereses

Para la mujer, el matrimonio es su destino. Para el hombre, en cambio, llega a ser un proceso que le facilita su accionar. El marido da protección, sostén y paga impuestos. La mujer es compañera y madre, además de al-fabetizadora de sus hijos. El casamiento tiene la finalidad de la reproducción en un marco protegido. Sin embargo, éste es un tramo de grandes dificultades para las mujeres: cargan con mucha responsabilidad pero no gozan de independencia. De ellas dependen la fecundidad y la armonía familiar.

Los jurisconsultos establecen edades legales para casarse y los médicos preservan a las niñas de uniones prematuras o demasiado tardías. Se eleva el conocimiento de la práctica obstétrica y se conocen así los peligros de un embarazo para una adolescente apenas formada. A fines del Renacimiento, la sexualidad aparece como legítima y necesaria. Si se casa a la mujer sin su consentimiento, se es culpable a los ojos de la naturaleza.

La unión armoniosa de los sexos depende de un acuerdo físico y espiritual: ahora la jovencita no es soporte pasivo del varón y su volunt; Se le concede el derecho de participar en construcción de su destino. Obviamente, t to choca con una sociedad en la que las niñ son objeto de transacción, moneda de car bio de un poder económico y de un prestig social. De todas formas, se intenta luch, contra alianzas que sólo le dan prioridad a ambición social, sin tener en cuenta el entei dimiento afectivo y físico de los cónyuge: aunque todavía no se puede situar el ame como base de la pareja.

En esta etapa de la historia, un matrimo nio es un contrato que supone un intercam bio de bienes que caen bajo la óptica de marido. Los asuntos monetarios se antepo nen -si bien no como antes- a los deseos necesidades y naturaleza de las mujeres. Er el período anterior a la Reforma y al Concilio de Trento, el acto matrimonial no es un consentimiento y juramento de amor y fidelidad, sino un contrato seguido luego de un acto sexual. En un testamento de 1599, un padre le legó a su hija algunas ovejas y un marido. "A mi hija Majorie, le dejo LX ovejas y un marido y la concedo en matrimonio a Edward, hijo de Reynold Shajtoe." Contraer matrimonio por amor, sin tierras o bienes, es asegurarse una vida de sufrimiento.

Casi todos los maridos son mayores que sus esposas, lo que les permite combinar el papel de padre y esposo. Las ideas de los predicadores como las de los humanistas ubican a la mujer en el hogar, el silencio y la sencillez. Existen varios manuales de confesión y guías matrimoniales en los que se limitan las actividades sexuales. El acto sexual no debe practicarse frecuentemente; debe hacerse frente a frente, sin usar las manos o la boca, sin obscenidad ni desnudez visible, y sin insultos.
Sin embargo, casi todos los códigos morales le dan al marido el derecho de golpear a la mujer en "actitud de corrección". El adulterio es la manera más fácil (para los hombres) de disolver matrimonios; si bien entre las clases pobres, la causa más común de disolución es el abandono.

lunes, 28 de febrero de 2011

Mitos y realidades sobre el Matrimonio


¿Se siente un poco decepcionada con su matrimonio? Puede suceder que en el camino de la verdadera felicidad se estén interponiendo algunos mitos, según sugiere un experto.
Estos son algunos de los aspectos más comunes y la verdad que subyace detrás de ellos, según los analiza el psicólogo ruce Baldwin, autor del libro "Mejorando juntos".

Mito: Nuestro matrimonio mejoraría, sólo si el otro cambiara.
Realidad: Para mejorar un matrimonio, ambos cónyuges tienen que cambiar. Comience trabajando sobre sus propios defectos y tratando de cambiar su conducta. Su pareja responderá a ese "nuevo yo" suyo.

Mito: El amor lo puede todo.
Realidad: No es tan así. En las primeras etapas del romance, es fácil amar. Pero cuando se inmiscuyen los problemas de la vida real, el amor lleva esfuerzo, adaptación, comunicación y cambio.
Hay que tratar de adaptarse a las necesidades del otro.

Mito: Si realmente fuéramos el uno para el otro, nunca estaríamos en desacuerdo.
Realidad: Es sano y normal que dos personas estén en desacuerdo. Pero cuando discutan, no usen palabras fuertes.

Mito: Nuestros hijos nos impiden ser felices.
Realidad: Los niños complican un matrimonio, pero no lo arruinan. Para mantener fuerte el matrimonio, hágase tiempo para pasar solo con su pareja.

Mito: Nuestro matrimonio está destinado a fracasar porque somos muy diferentes.
Realidad: Las personas siempre son diferentes, lo que importa es cómo se manejan esas diferencias. Esté dispuesto a hacer concesiones.

Mito: Nuestro matrimonio sería más feliz si tuviéramos más dinero.
Realidad: La felicidad no cuesta un centavo. Muchos multimillonarios están infelizmente casados. Si no puede disfrutar de la vida sin dinero extra, no podrá disfrutarla con él.

Mito: Nos irá bien si pasamos más tiempo juntos.
Realidad: Lo importante es cómo pasan ese tiempo compartido. El hablar sólo de trabajo, cuentas y los niños, no ayudará a que su matrimonio funcione. Cuando estén juntos, relájese y haga algo que ambos disfruten.

Mito: Si tenemos una buena relación sexual, todo lo demás irá bien.
Realidad: No es real. El sexo aislado no resolverá los problemas. Asegúrese de mostrar a su pareja genuinos gestos de cariño. Tómele la mano, háganse mimos en el sofá. Demuéstrele lo que realmente le importa.

lunes, 24 de enero de 2011

Consejos para mantener la Sensualidad


Estas son sus sugerencias para hacer que todos se sientan atraídos a cualquier edad:

• Vístase de manera sensual, incluso en el trabajo. No sea un "compañero más", reemplace sus prácticos pantalones y blusas por una pollera y una remera ajustada que la pongan de ánimo sexy. También puede intentar utilizando algo que solamente usted podrá ver, como ropa interior sensual, que la hará sentir atractiva.

• Manténgase bien cuidada. "Lavarse el cabello y depilarse, son actos simples que ayudarán ostensiblemente a su atractivo sexual", dice Lehman, coautora de "Era mejor en el asiento trasero: cómo realimentar su vida sexual".

• Saqúese una foto en una pose glamorosa. Hay estudios de fotografía donde los expertos la ayudarán. La foto le servirá de inspiración, demostrándole que puede ser atractiva a cualquier edad.

• Lea una novela picante. El solo pensar sobre el sexo puede poner en marcha los motores. Si su imaginación romántica se está agotando, esta es una manera segura de llenar la cabeza con nuevas ideas.

• Póngase en abundancia un nuevo perfume o colonia. No hay nada tan estimulante como una nube de una fragancia enloquecedora flotando a su alrededor.

• Deje atrás sus preocupaciones cuando trate de provocar el interés de un hombre. No hay nada sexy en una persona con el ceño fruncido y aspecto preocupado por problemas en su trabajo o en su casa. "Los problemas pueden resolverse más tarde —dice Lehman—. La manera de ser sexy es enfocarse en el aquí y el ahora. Cuando salga, ponga sus problemas en un armario imaginario. Luego no los saque hasta que esté preparada para manejarlos."

• Haga amigos con personas del sexo opuesto. La mejor manera de aprender lo que le gusta a la otra mitad de la raza humana es pasar algún tiempo con amigos de ese sexo. "Se pueden aprender trucos invalorables —afirma Lehman— y ponerlos luego en práctica en la propia vida amorosa."

viernes, 30 de julio de 2010

Es bueno estimular la amistad


Existen muchas maneras de vincularse con gente que puede sumarse al grupo de nuestros amigos. Una estimable y grata costumbre que de ninguna manera deberemos desechar.

Se puede conocer gente interesante y hacerse amigos rápidamente de ellos si se siguen las sugerencias del psiquiatra norteamericano Jack Leedy, del Centro Médico Luterano en Brooklyn, Nueva York.

Hacer sociales. "Hágase socio de un club donde pueda conocer gente con los mismos intereses que usted —aconseja el Dr. Leedy—. O vaya a la iglesia o al hospital y ofrézcase como voluntario. Es fácil hacer amistades con otros voluntarios porque son personas interesadas en los demás."

• Llame por su nombre a las personas que acaba de conocer. La próxima vez que se encuentre con ellas; diga claramente: "Hola, Juan", por ejemplo. El saludo personalizado los hará sentir especiales y ayudará a cimentar una amistad.

• Pregunte a los demás sobre opiniones e intereses. "A la gente le gusta hablar sobre sí misma —dice el Dr. Leedy—. Pero mantenga la conversación en un plano superficial. Pregúnteles cómo pasaron las vacaciones, qué mascotas poseen y cuáles son sus hobbies."

• Procure el contacto con la mirada mientras está escuchando.
"Si alguien mira por toda la habitación mientras uno está hablando, es sentido como una muestra de desinterés —explica el profesional—. Por eso si Ud. desea

que una persona sepa que está interesada, mírela a los ojos."

• Busque información sobre la persona que Ud. desea que se convierta en su amigo. Su cumpleaños, sus hobbies, el nombre de su pareja. Cuando se vuelvan a encontrar, menciónele algunos deesos detalles. "Esto hará que la persona se sienta halagada por haber recordado usted esos detalles íntimos."

• Haga cumplidos. "Escoja algo positivo: una bonita camisa, el cabello, una joya, y haga un comentario. A la gente le gusta escuchar que los alaban."

• Después que ha visto a alguien varias veces, sugiera ir juntos a un lugar, pero no los invite a cenar porque los podría hacer sentir incómodos. "Podría

ser ir de compras o al cine o a ver un partido —dice Leedy—. Así es como nacen las amistades."

miércoles, 28 de julio de 2010

Crisis de la mediana edad


La tan comentada crisis de la mediana edad es sólo uno de los varios problemas importantes que debemos enfrentar en la vida", dice un psiquiatra.
Sin embargo, basta con seguir algunos simples consejos para poder sobreponerse a cada una de estas tormentas.
"Hay tres crisis en nuestras vidas que pueden caracterizarse como importantes: la adolescencia, la mediana edad y la vejez", reveló el doctor Mark Goulston,

profesor clínico adjunto de la Universidad de Los Angeles, en California.

La primera llega a ñnes de la adolescencia, cuando los jóvenes se desesperan ante la idea de tener que dejar a sus familias y hacer su propia vida.
"Se basa en una profunda falta de confianza", sostiene el doctor Goulston.

La segunda, o crisis de la mediana edad, puede alcanzar al hombre o a la mujer entre los 30 y los 50.
"Muchos hombres comienzan a cuestionarse si todos sus esfuerzos y logros realmente han valido la pena", dice el facultativo.
Para un hombre, la crisis de la mediana edad tenderá a concentrarse en su trabajo. En cambio, para la mujer, generalmente el problema está en el "síndrome del nido vacío", cuando sus hijos adultos empiezan a dejar la casa.