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jueves, 29 de septiembre de 2011

Higiene Sexual


Pero la higiene sexual del hombre comprende también todo aquello que va encaminado a la buena ejecución del acto sexual, no sólo desde el punto de vista físico, como en el caso de la fimosis o la parafimosis, sino también desde el ángulo espiritual de comprensión hacia la mujer, para lograr una relación sexualmente completa.

A este respecto el hombre ha de tener siempre presente que el período durante el cual la mujer se excita sexualmente, y que abarca el tiempo que transcurre desde el comienzo hasta el momento en que se produce el orgasmo, en la mujer es generalmente largo.

Ello indica que en el juego amoroso sexual el hombre debe dedicar gran parte de su actividad a excitar con la mayor intensidad posible a su pareja, mediante besos, caricias, etc. Este hecho es tan importante que su desconocimiento explica gran número de frigideces femeninas. El hombre se excita más rápidamente que la mujer, y si alcanza el orgasmo antes de que ella se haya excitado sexualmente la consecuencia será, como es lógico, una ausencia de orgasmo en la mujer. Por tal motivo es deber del hombre provocar y lograr la excitación sexual de su pareja.

La excitación sexual de la mujer por el hombre repercute al mismo tiempo favorablemente en el logro de la culminación orgástica, pues la introducción del miembro viril efectuada en el último momento de la excitación mutua ocasiona el orgasmo en el hombre y en la mujer al mismo tiempo, lográndose así un acto sexual humanamente bien entendido.

Se deduce de ello que la actitud del hombre en la relación sexual no ha de concebirse simplemente como una tendencia imperiosa a satisfacer una necesidad orgánica, sino que debe estar dirigida por el entendimiento y por la entrega amorosa, única forma de restituir a la relación sexual el carácter de relación humana que, por diversos motivos, es tantas veces omitido.

martes, 27 de septiembre de 2011

Abrigo Deportivo


El abrigo deportivo, tanto de mañana como de tarde, es el que se usa con mayor frecuencia, puesto que el noventa por ciento de la vida activa tiene lugar durante las horas diurnas. En consecuencia deberá ser elegante, cómodo y práctico. Entre las telas más difundidas, y por consiguiente las más idóneas, figuran el pelo de camello.

Al abrigo deportivo se le puede aplicar un cuello de pieles, aunque deberá optarse por las menos ostentosas como la marmota, el castor, la nutria, los diversos tipos de cordero, y el visón. que actualmente se utiliza mucho como piel deportiva. Con estos abrigos sientan a la perfección los accesorios airosos y prácticos, cuya misión consistirá en reavivar el color de la prenda, a menudo oscuro.

Son muy adecuados los pañuelos de seda, las bufandas de lana, el bolso en bandolera, las medias fantasía, de hilo o de lana, los gorritos de piel o de lana, los zapatos tipo mocasín, las botas altas, y los guantes, los cuales pueden ser de lana de color, así como de pekari.

Para el abrigo deportivo, las pieles, además de realzar los acabados, pueden emplearse también como faz interior de la prenda. Para ello se utilizan pieles que no sean lujosas, como el conejo y el cordero, o bien pieles un poco gastadas por el uso, ya inservibles, de castor, nutria, visón, etc. Así podrá obtenerse un abrigo de estilo deportivo y, al propio tiempo, muy cálido.

Entre los abrigos deportivos se puede incluir el de napa o de gamuza, con el interior de pelo (muy necesario en invierno, ya que la piel, por sí sola, no es muy caliente), o bien el abrigo de añinos, revuelto, que tiene la piel en el exterior y el pelo en el interior. Para esta clase de prendas se sigue una línea menos clásica que para las anteriormente citadas, pues el material con que aquéllas se confeccionan ya tiene, de por sí, un carácter marcadamente deportivo que permite cualquier fantasía. 

En estos casos se suele emplear la línea redingote, con mangas montadas, cintura señalada y falda un tanto evadida en la parte inferior. Es permisible algún rebuscamiento original en la botonadura, que puede ser de alamares, y en los acabados de piel que bordean toda la prenda y recuerdan, vagamente, los capotes de los soldados rusos de la época zarista.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Enfermedades Sexuales


LAS ENFERMEDADES VENÉREAS EN TIEMPOS DE GUERRA O DE REVOLUCIÓN
La frecuencia con que se observan los contagios de enfermedades venéreas presenta ciertas variaciones; en tiempos de guerra o revolución se difunde este tipo de enfermedades, pues a causa de las circunstancias anormales la vida sexual de muchos hombres y mujeres se desvía de su orden habitual.

CONSECUENCIAS DE LA INFECCIÓN VENÉREA
La gonococia, por lo general, es una enfermedad benigna y muy raras veces pone en peligro la vida de quien la padece. Asienta casi exclusivamente en el aparato genital, determinando lesiones que, a pesar de la curación, dejan daños irreparables en las vías urogenitales.

De ahí la importancia de la gonococia, ya que tanto en el hombre como en la mujer se producen obstrucciones de los conductos genitales capaces de provocar una esterilidad muchas veces permanente.

En la sífilis, en cambio, la gravedad se debe a que el germen pasa rápidamente a la sangre, difundiéndose así la infección por todo el organismo.

En la actualidad las enfermedades venéreas desencadenan lesiones menos graves que en otras épocas gracias a la existencia de medicamentos que combaten con eficacia tales infecciones. Por otra parte, y ello es fundamental, al acudir los enfermos rápidamente al médico se da comienzo al tratamiento mientras la enfermedad aún está poco extendida y no ha provocado lesiones graves en el organismo.

Esta opinión se funda en que hasta los seis años el niño se halla en la fase de exploración y conocimiento de su propio cuerpo; la operación de fimosis, practicada en tales momentos, puede representar para el niño un trauma psicológico. Y puesto que a esta altura de la existencia la fimosis no tiene importancia sexual ni funcional porque el niño no va a tener relaciones sexuales, es aconsejable que se retrase el momento de la pequeña intervención quirúrgica.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Mascarillas


Cuando vemos el rostro de una mujer podemos notar el cuidado que ella brinda a su piel, y uno de los secretos para mantener la piel sana y fresca es utilizar una mascarilla facial de buena calidad.  Tan sólo el buen uso de tal producto hará la diferencia y no sólo visualmente hablando ya que una misma se sentirá mejor. 

La mascarilla le proporciona a la piel del rostro una gran cantidad de beneficios, con ella se mejora la hidratación y se regula la secreción de sebo, si se trata de pieles grasas, también se produce una renovación completa de la piel.  Emmagabrielle ofrece una amplia variedad de mascarillas para el rostro con fórmulas exclusivas para cada tipo de piel, ya sean mascarillas hidratantes o mascarillas elaboradas especialmente para pieles más grasas. 

Con el uso regular de las Mascarillas faciales notarás tantas diferencias positivas en el rostro que pasarán a formar parte de tus rituales de belleza imprescindibles. Puedes incluso adquirirlas a través de su web aprovechando las ofertas especiales de todos los productos, accediendo a ellos de forma individual o aprovechando los pack promocionales, con gran variedad de métodos de pago.

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viernes, 23 de septiembre de 2011

Pérdidas en la Menstruación


Examinaremos aquí las principales características de la menstruación, es decir:

1) su duración;

2) la cantidad de sangre perdida, y

3) el período de tiempo que transcurre entre dos reglas sucesivas.


1) La duración de la menstruación varía mucho de una mujer a otra, pero es casi siempre constante, con ligeras variaciones, en una misma mujer. Habitualmente dura de tres a seis días, siendo sus límites normales de uno a dos como mínimo y de ocho a diez como máximo. La media es, pues, de cuatro a ocho días.

2) La cantidad de sangre perdida se valora en cifras muy variables según los autores. En general se admite una media de 40 centímetros cúbicos, con variaciones entre 9 cm3 y 200 cm3. En la mujer esta cantidad puede ser controlada (con la imprecisión que el método comporta) computando los apositos que utiliza cada día, cuyo número, generalmente, es siempre igual para cada una de ellas. En tal sentido, la cantidad de apositos usados diariamente es de tres a cinco, encontrándose mujeres con escasa pérdida que sólo precisan uno, mientras otras necesitan como máximo siete u ocho. Aunque estas variaciones están ligadas a la capacidad de absorción de los apositos usados, para la mujer que los utiliza no es difícil constatar si la cantidad de sangre perdida varía de una regla a otra.

3) La duración del ciclo menstrual queda determinado por el número de días transcurridos entre el comienzo de una regla y el de la siguiente. Desde muy antiguo se sabe que el ciclo menstrual de la mujer tiene una duración habitual de veintiocho días, pero existen variaciones muy amplias de mujer a mujer, pudiéndose distinguir dos grupos: en el primero los ciclos tienen tendencia a ser cortos (veintiuno a veinticinco días), y en el otro particularmente largos (treinta y cinco a cuarenta y cinco días).

miércoles, 21 de septiembre de 2011

La Mujer en la Edad Media


La apelación al discurso médico es una constante para analizar lo femenino. En el siglo XVI hay un interés fuerte por la revisión de este tipo de textos (Hipócrates, Galeno). Se multiplican las disecciones de mujeres en los anfiteatros de las facultades y hay un espíritu caritativo que quiere ayudar las en sus afecciones, con el consiguiente beneficio de la ginecología y la obstetricia.
La mujer va a ser definida en función del órgano que le da sentido: el útero. Ahora, "la sensibilidad del útero sustituye al temperamento húmedo para explicar su inferioridad". Ella es un ser enfermizo al que hay que tratar de aliviar para que no se rebele en su condición. Inclusive se le atribuyen a este órgano sentimientos y comportamientos.

El discurso médico se debate entre las carencias de la anatomía, las imprecisiones del lenguaje y los fantasmas a que da lugar el mito del sexo devorador. La definición de la histeria es de por sí llamativa: "enfermedad de las mujeres sin hombre". En ese momento, los médicos no pueden dar cuenta de que ataca por igual al sexo masculino.

Casi todas las mujeres del Renacimiento tienen un fin: la maternidad. El dar a luz y amamantar ocupan su vida. Las diferencias sociales se ven reflejadas en los embarazos; al no dar de mamar las ricas se embarazan más seguido, ya que durante el período de lactancia disminuye la fertilidad .

La mujer de las clases sociales más bajas es nodriza de los bebés de las de posición más elevada. La primera es condenada a la "lactancia perpetua"; la segunda al "embarazo perpetuo". Dice Martín Lutero: "Aunque se agoten y al final mueran de tanto parir, no importa, para eso existen". Vale la pena tomar algún ejemplo: Florentina Antonia Masi, muerta en 1459, a los 59 años, tuvo 36 hijos.

El parto es algo muy temido. Erasmo señala: "¿Cuál mujer se acercaría a un hombre si conociese y tuviese en mente los azarosos trabajos del parto y las desazones de criar los hijos?". Las mujeres que sobreviven al hecho de dar a luz, a menudo ven morir a sus hijos debido a la inmundicia y a la mala alimentación. Sólo entre un 20 y un 50 por ciento de los niños sobrevive a la infancia.

Muchos mueren a causa de la furia de sus padres y del abandono. El infanticidio es común y castigado. El abandono de los hijos parece ser una marca de la Edad Media. A medida que se afirma la familia monógama moderna, los hijos ilegítimos y sirvientes van siendo excluidos del núcleo. Es costumbre de las clases altas entregar niños a madres adoptivas; los varones tienen más suerte, ya que concebir niñas es considerado una desgracia.

martes, 20 de septiembre de 2011

Molestias y dolor en el Período


Durante la menstruación la mujer puede experimentar diversas alteraciones generales, que se caracterizan por presentarse pocos días antes y durante los primeros días de la regla, y que desaparecen totalmente una vez concluida ésta. Tales alteraciones son en general benignas y sin importancia médica alguna, y se presentan en el 40 ó 50 por 100 de las mujeres, principalmente en las jóvenes. Es frecuente constatar la mejoría de las molestias, y a veces su desaparición, al restablecerse nuevamente las reglas después del parto.

Las molestias en las glándulas mamarias son frecuentes y de intensidad variable. Consisten en pequeños dolores debidos al aumento de tensión y consistencia de estas glándulas, y a veces en un aumento de la sensibilidad de las aréolas mamarias. Los signos abdominales consisten en una sensación de hinchazón del vientre, con molestias de pesadez en el abdomen. Desde el punto de vista general, suele presentarse un malestar que puede concretarse en sensación nauseosa, apatía y nerviosismo.

Estos síntomas se encuentran en casi todas las mujeres, y pueden darse aislados o conjuntamente. Constituyen un motivo de consulta médica sólo cuando adquieren una intensidad y duración prolongadas.

Se llama dismenorrea el dolor que afecta la parte baja del abdomen y ambas zonas lumbares durante la menstruación o bien inmediatamente antes que ésta desaparezca. Este fenómeno representa un síntoma y no una enfermedad, y se conoce su existencia desde hace muchos años: la dismenorrea es tan vieja como el mundo. Los primeros relatos sobre esta alteración fueron escritos por los hindúes diez siglos antes de nuestra era.

Esta afección, de poca trascendencia para la salud, es suficiente para requerir un tratamiento médico, pues los dolores percibidos son por lo común intensos, y generalmente no desaparecen hasta que la mujer tiene su primer parto.

Ciertas mujeres acusan, alrededor de catorce días después de la menstruación, una ligera molestia en uno de los dos lados del abdomen. Contrariamente al caso anterior, en éste no se precisa la visita del médico: estas molestias se producen en el ovario a causa de la expulsión del óvulo, constituyendo la llamada «ovulación sensible».

lunes, 19 de septiembre de 2011

Moda y Exigencias de la Mujer


A partir de este momento el gusto deja de ser representativo de una categoría personal, deja de significar riqueza y suntuosidad, para convertirse en un valor más individual con el que se expresa la propia personalidad. Poco a poco nace el buen gusto.

El buen gusto surge en una sociedad cuya clase rectora tiene las siguientes características: la inestabilidad, el fundamento de su poder en la exclusiva riqueza, y el lujo como expresión de este poder.

En el complejo social que inicia nuestra sociedad contemporánea se crea el arte de la ascensión social. Las riquezas adquiridas dan derecho a ocupar las primeras filas en la vida pública, y, por lo tanto, el simple lujo puede evidenciar al advenedizo y ser motivo de burla. Así, lo que caracteriza a una clase rectora con solera y derecho al dominio es su buen gusto, el uso acertado y hasta discreto de la riqueza que posee. La fastuosidad cobra tintes de discreción y el esplendor se revela más en el cambio de indumentaria, en la sorpresa y en la originalidad, que en la riqueza de lo que se exhibe.

La mujer recibe en cierto modo la primacía de este alarde de buen gusto. La mujer, en la nueva clase, es el exponente exterior de riqueza y poder, y en su indumentaria, en el aderezo de la casa, en el influjo que ejerce sobre quienes la rodean se nace visible su buen gusto. El buen gusto tiene como misión gastar millones sin que se note. Una mujer de buen gusto —recordemos que los grandes magazines la han citado a menudo— es Jacqueline Kennedy. Jamás la hemos visto luciendo galas suntuosas. En apariencia sus trajes pueden salir de un prét-á-porter, su peinado es el de un sin fin de mujeres, en algunos momentos casi ha parecido que repetía hasta la saciedad un mismo modelo de sombrero y de traje.

A pesar de todo sabemos que tiene millones en joyas, perfumes a raudales pieles para llenar un tren. Pero esta mujer, que no es hermosa ni especialmente inteligente, sabe utilizar todos los elementos que la riqueza pone a su disposición, combinándolos de modo que no se sepa de dónde proviene su aire de seguridad y que la fingida sencillez sea difícilmente imitable.

El buen gusto exige, pues, una deliberación personal y una cierta teatralidad preparada. El buen gusto elabora también un prestigio, una fama. La mujer de buen gusto sabe que en un momento dado, si decide ponerse alguna prenda hasta cierto punto extravagante, quienes la contemplan decidirán sin vacilar que si ella se lo pone es de buen gusto.

El buen gusto crea una atmósfera. La mujer de buen gusto no sólo se ocupa de su indumentaria. El arte de mantener, modificar, y hacer viva una casa con pequeños cambios y con una permanente gracia forma parte de su actividad. El buen gusto se extiende en el arte de recibir invitados, de saber siempre el momento en que debe hacerse la invitación, en la combinación de comensales, en la comida que se sirve, que no sólo será abundante.

El buen gusto se detiene en el umbral de la amabilidad. No se adentra en los dominios de la belleza, no juzga un cuadro, ni un poema, ni una gran empresa. El buen gusto no tiene que aventurarse nunca más allá de lo que causa placer. En realidad tiene el influjo de una sonrisa.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Higiene de la Mujer


Siempre que se hable de higiene será importante tener en cuenta que no se refiere simplemente al aseo corporal de la persona, sino que tiene como principal objetivo la conservación y mejoramiento de la salud individual y colectiva.

La higiene del hombre se refiere tanto a las actitudes que favorecen una mejor conservación física de su organismo como a los procesos que mejoran sus relaciones colectivas. En el tema concreto que nos ocupa, las medidas higiénicas tienden a mejorar espiritual y físicamente la relación sexual.

El aseo personal del varón merece una atención especial en lo concerniente a cierta particularidad de su aparato genital, constituido por la piel que rodea y cubre el glande. Este repliegue de la epidermis, llamado prepucio, puede normalmente retraerse dejando al descubierto el glande. Se comprenderá que para que esto sea posible, el diámetro del orificio del prepucio ha de ser ligeramente mayor que el diámetro del glande.

Cuando ello no ocurre, el prepucio no puede deslizarse, impidiéndose así que el glande quede al descubierto. Esta anomalía no supone malformación congénita alguna y recibe el nombre técnico de fimosis. Se presenta con bastante frecuencia, y la forma de corregirla es un tratamiento quirúrgico que consiste en la ampliación o exéresis del prepucio.

Algo semejante es la llamada parafimosis. En este caso, el orificio del prepucio es suficientemente amplio para permitir el deslizamiento del glande en estado flácido, pero no así cuando el pene entra en erección y se torna tenso. Si en el momento de ocurrir la erección del glande éste se encontraba al descubierto, el prepucio puede impedir y estrangular el reflujo de sangre en este órgano, pudiendo ocasionarse, por tanto, lesiones en esta parte del pene debido a estancamiento y falta de circulación de la sangre. Esta alteración tiene la misma importancia y significado que la fimosis y su solución es igualmente quirúrgica.

La operación de fimosis o parafimosis puede efectuarse en cualquier momento de la vida del hombre. Sin embargo, hay quien aconseja que se practique en la infancia, pasados los seis años de edad y antes de llegar a la pubertad.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Alteraciones Menstruales


Las características de las reglas, en cuanto a duración, cantidad, etc., están, estrechamente vinculadas a la actividad del ovario. Ello indica que cualquier alteración en las constantes normales de estte fenómeno traduce un funcionamiento alterado del ovario.

Pero dicha alteración ovárica no es siempre sinónimo de enfermedad: las actividades de estas glándulas endocrinas de la mujer pueden también estar ligadas a influjos del medio ambiente, tales como cambios de clima, tensiones emocionales, disgustos, excesos de trabajo, etc.

Para todas las mujeres es bien conocido el hecho de que cualquier emoción sentimental fuerte (sustos o disgustos) o ciertas tensiones emocionales (exámenes) pueden producir la regla antes o después de lo previsto.

A este respecto puede decirse irónicamente que si hay algo más variable que el tiempo es la regla de las mujeres.

Cualquier alteración de la regla no tiene, en principio, mucha importancia, y sólo será necesaria y aconsejable la visita médica cuando la anomalía perdure durante cierto tiempo, o cuando la cantidad de sangre perdida sea realmente abundante.