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lunes, 5 de septiembre de 2011

La Cocina y la Mujer


Ante la cocina, como ante las tareas domésticas en general, la actitud de la mujer de hoy ya no tiene por qué ser la tradicional de sujección y dependencia exclusiva, pero tampoco se irresponsabilizará en tan importantes materias con pretextos vanguardistas mal enfocados, adoptando actitudes despreciativas y aun hostiles, como reacción al pasado.

Si bien sigue siendo la cocina uno de los feudos femeninos, ya no lo es en modo alguno en su aspecto de vasallaje, ni psíquica ni físicamente. La técnica moderna ha puesto al servicio del ama de casa un sinnúmero de útiles prácticos y aparatos electrodomésticos que facilitan, simplifican y reducen tareas y tiempo.

Arquitectos y decoradores han contribuido a esta evolución, convirtiendo la frialdad e incomodidad de las cocinas de antaño en estancias tan asépticas como acogedoras y cómodas, sin perder por ello ni un ápice de su funcionalidad. Hoy el ama de casa ya no es esclava de la cocina, sino dueña de ella; ya no está reducida sin remisión a la fastidiosa y embrutecedora galera de preparación de alimentos y fregado de platos, repetidas veces al día y todos los días de la vida, sufriendo este destino como una condenación.

Gracias a la técnica, empleará muy breve tiempo en tales tareas, quedando holgadamente libre para cualquier otra suerte de menesteres y aficiones: gracias a las modernas contrucciones y a la decoración, las realizara en una estancia a un mismo tiempo utilitaria y confortable, funcional y bella; y, sobre todo, gracias a una mayor capacitación personal, obtendrá de «su» cocina un placer a ningún otro comparable: el de elaborar con los frutos de la tierra, con arte y sabiduría, para deleite y provecho de los suyos, a quienes nutrirá competentemente de modo sano y equilibrado.

Por lo tanto, el viejo concepto de cocina de ambiente frío, con azulejos blancos, armarios empotrados y útiles impersonales queda desechado incluso en el caso, cada vez menos frecuente, de servicio doméstico contratado.

La cocina, pequeña o grande, reducida exclusivamente a sus funciones específicas o ampliada en el concepto de cocina-comedor o cocina-cuarto de estar (soluciones éstas que ahorran muchos pasos diarios a la mujer, en especial si hay niños de corta edad), estará dotada de mobiliario e instrumentos que permitan realizar las tareas culinarias con el menor tiempo posible y la mayor efectividad; estará construida de tal modo y con tales materiales que aseguren su resistencia y faciliten su limpieza, sin llegar por ello a conferirle una fría asepsia de laboratorio; y estará decorada con alegría y vivacidad para que la permanencia en ella sea fuente de satisfacciones.

Los revestimientos más adecuados para el pavimento y las paredes son los baldosines de mayólica o de gres, o bien los higiénicos laminados plásticos, tratados químicamente para que resistan el calor, el fuego y la humedad, y que son fácilmente lavables.
En cuanto al mobiliario, fijo o móvil, está constituido cada vez con mayor tendencia, según el modo americano, por numerosos elementos que pueden ser adquiridos gradualmente, empezando por los esenciales.